22 Jul

¿Quieres que tu equipo sea más productivo? Mándalo a dormir

Si ves que tu equipo no rinde como debería y que quizás podría aumentar su productividad, lo mejor que puedes hacer es preguntarles cuánto duermen por la noche. Sí, tal cual. Está demostrado que el sueño afecta y mucho a la productividad.

Una persona estresada no duerme bien por la noche. Y si no duerme bien por la noche, no descansa, no recarga su energía y al día siguiente acude a la oficina con un estado de cansancio permanente, que se agrava conforme pasa el día.

A la larga esta situación puede repercutir mucho en el rendimiento en la oficina, sobre todo si se duerme de forma normal menos de siete horas.

De hecho, una noche o dos sin dormir pueden provocar un trastorno en la salud, problemas de memoria, de concentración y de habilidad para tomar decisiones.

Por ello, quien cree que dormir es una pérdida de tiempo está más que equivocado. Quien duerme alrededor de ocho horas o más tiene mayor capacidad de liderazgo y suele ser más creativo.

Además, saliendo del campo de la productividad, la falta de sueño está asociada a enfermedades muy graves como la diabetes, la obesidad e incluso al cáncer.

Quienes duermen poco sufren una alteración en la leptina, que les aumenta la sensación de hambre y por ello, si se aumenta la ingesta de alimentos poco recomendables como dulces o grasas saturadas que nos hacen aumentar de peso y acercarnos peligrosamente a sufrir diabetes.

Además, el sistema inmunológico se ve muy afectado por la falta de sueño. Las alteraciones en el sistema inmune provocan falta de regulación en la forma en la que el cuerpo responde a posibles infecciones.

Una vez hemos visto los problemas que tiene para nuestro rendimiento en la oficina no dormir las horas que nos corresponden, habrá quien piense que querría dormir más y mejor, pero que no puede.

Os vamos a dar unos consejos para mejorar la rutina de sueño y conseguir que la llegada a la cama sea preludio de al menos ocho horas de descanso reparador.

Lo primero de todo es el equipamiento. Colchón y almohada, así como ropa de cama, deben adaptarse a nuestras necesidades. El colchón debe ayudar a que nuestra columna tenga una postura natural, así como la almohada.

Es preferible hacer cenas ligeras y a ser posible, dos horas antes de ir a la cama al menos, para no acostarnos con el estómago lleno. Si podemos, apagar la tele y demás dispositivos electrónicos y refugiarnos en una charla tranquila o en un buen libro nos ayudarán a relajarnos antes de entrar en la cama.

Una ducha calentita siempre ayuda a mejorar ese estado de tranquilidad y si queremos, podemos mejorar este ambiente usando velas en el dormitorio o una luz tenue y cálida.

Los aparatos electrónicos deben estar fuera de nuestro alcance para evitar distracciones. Una vez en la cama, debemos buscar la postura más cómoda posible y respirar hondo con tranquilidad, repasando los mejores momentos del día.

Es interesante acostarse todas las noches a la misma hora, para que nuestro cuerpo se acostumbre a esta rutina y ‘nos pida cama’ cuando el reloj llegue a ese momento.

Si conseguimos que nuestro cuerpo descanse lo suficiente, al día siguiente en la oficina demostraremos lo que somos capaces tras un sueño reparador.

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