17 Ago

¿Sabes por qué te distraes? Te ayudamos a centrarte

‘Uh, yo es que me distraigo mucho’, ‘a mi me cuesta concentrarme’, ‘para mi es imposible pensar solo en lo que estoy haciendo’… ¿Te suenan estas afirmaciones? Mucha gente las hace pensando que son hechos inquebrantables sin pensar que están hablando de la consecuencia de algo. Y si son las consecuencias de algo, tienen una causa que se puede remediar.

Solo nosotros sabemos cuál es la causa de nuestras distracciones o de nuestra falta de concentración en el trabajo. Y si no la sabemos a ciencia cierta, podemos reconocerla si dedicamos unos minutos a ella.

Creemos que es importante ‘atacarlas’ porque merman de forma importante tu rendimiento, rompen tu ritmo de trabajo, te hacen perder la atención y la concentración y te hacen estar estresado, porque tus tareas no se completan en el tiempo que corresponde.

Las distracciones más habituales son el teléfono, ya sea fijo o móvil (con sus aplicaciones y notificaciones), perderse en Internet y las charlas del trabajo. Esas las reconocemos de inmediato.

Pero ¿cuáles son esas otras distracciones en las que caemos sin darnos cuenta y que nos quitan productividad de forma creciente? Te ofrecemos un listado para que encuentres lo que puede sacar tu mente del trabajo.

–          Problemas o actividades familiares o con amigos. Si nos vamos de vacaciones la semana que viene y estamos con la cabeza en la lista de lo que tenemos que llevar, que debemos avisar a menganito para que coja la nevera y a fulanito para que reserve un coche… También podemos estar invadidos por preocupaciones acerca de enfermedades, pequeños roces, asuntos sin resolver o favores que hacer a nuestros más allegados.

–          Logística familiar/hogareña. Todos tenemos una casa que necesita cierta inversión de tiempo para funcionar. Hay lavadoras que poner, lavavajillas que vaciar, compra que hacer y plancha, así como cosas que reparar o muebles que comprar. Si pasamos la mañana intentando recordar que al salir debemos ir a la ferretería…

–          Inexperiencia o desconocimientos en el entorno laboral. Tenemos que hacer un informe, sí. Pero nos pasamos la mitad de la mañana intentando insertar una tabla sin que quede descuadrada, de pronto se cierra el programa, no sabemos recuperar el archivo, no estamos familiarizados con el software, se nos hace un mundo cambiar el color de una pestaña…

–          Problemas emocionales. Quizás tenemos baja autoestima, inseguridad, problemas para gestionar la ira o el estrés, se nos considera inmaduros, desconfiamos de nuestros compañeros… nuestra mente bulle de pensamientos ajenos al trabajo y que nos hacen sentir mal.

–          Poca productividad. Si tenemos un gran listado de tareas que hacer muy diferentes y de distinta prioridad para acometer al día, podemos perder mucho tiempo en saber qué hacer y cómo, revisando una y otra vez la lista.

Overworked

¿Has reconocido algunas de las cosas que ocupan tus pensamientos cada día? Seguro que sí. Te animamos a que cojas papel y boli y apuntes en una columna todo lo que te inquieta, te molesta, te distrae y te tiene con la mente en otro sitio.

Sé todo lo extenso que puedas y recoge cada pequeño pensamiento que cruce tu cerebro. Dedícate a hacerlo una buena media hora para asegurarte de que todo está en esa columna.

Una vez tengas esa columna hecha, vamos a ir problema por problema para poder solucionar lo que podemos hacer.

–          Problemas o actividades familiares o con amigos. Más nos vale eliminar estas pequeñas cosas antes de que nos roben más tiempo. A primera hora de la mañana, manda los mensajes que necesites dando indicaciones y avisa de que el resto del día estarás trabajando. En cuanto a los problemas más graves, conciénciate de que desde el trabajo no puedes hacer nada. Envía un mensaje de ánimo, de consuelo o llama por teléfono a primerísima hora para saber qué tal está todo. Eso calmará tu ansiedad ante el problema, pero la tarea principal es que entiendas que desde el trabajo más no puedes hacer.

–          Logística familiar/hogareña. Haz una lista de lo que debas hacer e insértala en tu agenda o gestor de proyectos como tarea privada que se salte una notificación justo cuando queden cinco minutos para irte. Sabes que vas a acordarte porque te va a aparecer un recordatorio, así que fuera de la cabeza ya.

–          Inexperiencia o desconocimientos en el entorno laboral. Siéntate con tu superior y dile que tienes ciertos problemas con el software que quieres solucionar ya. Buscad entre ambos la forma de mejorar tus conocimientos para que no te robe más tiempo tu inexperiencia.

–          Problemas emocionales. Toma las riendas de tu vida. Piensa si quizás necesitas ayuda para sobrellevar ciertos problemas emocionales. Pero conciénciate de que en el trabajo debes parar esos pensamientos y centrarte en las tareas.

–          Poca productividad. Un gestor de proyectos puede ser la solución a tus problemas. Acostúmbrate a apuntar todo, a priorizar, a darle el tiempo que le corresponde a cada tarea, a diferenciar y a cerrar cada trabajo.

Además, cada vez que te pongas con una tarea, oblígate a centrarte en ella cerrando todas las aplicaciones o programas que no vayas a usar y cierra las pestañas del navegador que no necesites.

Guarda el móvil en un cajón y no cojas el teléfono hasta que acabes la tarea. Pide a tus compañeros que si recibes una llamada, que te envíen un correo electrónico porque estás muy ocupado.

Cuando acabes la tarea, archívala en tu gestor de proyectos y dedica cinco minutos a atender llamadas o consultas de compañeros y conecta con la siguiente tarea.

Cuanto más te esfuerces en evitar distracciones y en resolverlas para que dejen de interrumpirte, más podrás aumentar tu productividad y pronto podrás dejar de decir ‘yo es que me distraigo con nada’.

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