11 May
rasgos mal jefe

Siete rasgos del mal jefe que disminuyen el rendimiento de la empresa

Convertirse en un buen jefe es una de las tareas más complicadas que hay. No solo por la parte que corresponde a liderar un proyecto y un equipo, sino también por tener que ser ejemplo de rendimiento, saber tomar decisiones y transmitir la cultura de la empresa a todos los empleados.

Hoy os traemos una selección de los malos hábitos que puede tener un jefe y cómo afectan al rendimiento del equipo.

DESCONFIADO

Un jefe desconfiado de su equipo siempre duda de su trabajo y de su rendimiento por sistema, casi siempre como fruto de su imaginación, no porque haya indicios de que mal comportamiento.

Además, esa desconfianza provoca que los empleados se sientan siempre espiados y examinados, en la cuerda floja, transmitiéndoles que se duda de que sean capaces de hacer los proyectos bien y como corresponde. Y de esa manera nunca trabajará con la intensidad necesaria.

POCO RESPETUOSO

Quizás un empleado haya hecho algo tan mal que deba ser reprobado por ello, pero hacerlo en público, de malas maneras, exaltándose y avergonzando a un trabajador y a sus compañeros, hace un flaco favor al grupo.

Una persona que se siente ridiculizada por su jefe sentirá cómo se resquebraja su unión como empleado y superior, tendrá cierto reparo para tratar los conflictos y sentirá que el ambiente no le acompaña para trabajar tranquilo. Se terminará yendo.

POCO JUSTO

Muchos gritos cuando hay fallos, ni una alabanza cuando todo es brillante. Un jefe que no sabe destacar los aciertos de sus empleados pero que no pierde ocasión en llamar la atención sobre todo lo que se hace mal tiene mucho que perder.

Un empleado debe sentirse valorado para poder estar bien en su puesto de trabajo y una de las cosas que necesita es que se le premie cuando hace algo como corresponde. Si no se hace así, sentirá que da igual cómo salgan las cosas, por lo que se esforzará la mitad.

ORGANIZACIÓN CERO

Si el jefe no es capaz de organizar bien el trabajo, su equipo va de cabeza y no consigue llegar a tiempo a nada. No son los empleados los encargados de establecer prioridades, sino los jefes. Son los líderes quienes deben elegir una forma eficaz de gestionar los proyectos.

Es importante que sea así porque si un trabajador debe interrumpir muchas veces sus tareas para hacer otras, si se le cambian los tiempos de ejecución y si se le distrae para poder hacer reuniones cuando no corresponde, estaremos destrozando el rendimiento del trabajador.

HOLGAZÁN

Está claro que el jefe es jefe por lo que sabe, por su iniciativa y por su capacidad de liderazgo, pero su ejemplo es algo que motiva a los trabajadores más que sus palabras.

Si siempre llega tarde, se va el primero, no acompaña a sus empleados cuando hay un pico de faena y es el que más y más largas vacaciones tiene, creará mal ambiente en la oficina.

SIEMPRE CONTRA TODOS

Ante un problema con un cliente, un jefe debe ser el respaldo que los empleados necesitan, no su azote. Nunca debe dejar a un empleado enfrentarse a un cliente, en todo caso debe informarle de que investigará y tomará medidas para poder resolver el problema. Nadie tiene que saber qué bronca se le ha echado.

Un trabajador que se siente desprotegido y poco defendido por su jefe, no notará que forma parte del equipo de la empresa y por lo tanto todos los esfuerzos para que asimile la cultura corporativa y se sienta como una pieza indispensable se evaporarán. Y esto bajará su rendimiento.

SIN CORAZÓN

¿Alguien tiene un familiar en el hospital? ¿Está enfermo? ¿Debe recoger a alguien del aeropuerto? La inflexibilidad por deporte de un jefe para con sus empleados provocará un ambiente hostil y desagradable.

Todos tenemos situaciones delicadas cuya gestión pasa porque el jefe sea transigente. Cuanto antes entienda que un empleado trabajará con más ahínco si se le deja salir antes que uno al que se le ha negado ese permiso, mejor.

Como jefe, ¿reconoces alguno de estos rasgos? Como empleado, ¿ves a tu jefe en alguno de estos supuestos? Mejorar es clave, no solo para tener un buen ambiente de trabajo, sino para que aumente el rendimiento de la empresa.

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