10 Ago

¿Tienes un trabajador tóxico en tu empresa?

Hemos comentado en multitud de ocasiones que un ambiente de oficina relajado y tranquilo es una pieza clave para la productividad de la empresa. Pero a veces ese ambiente no es del todo pacífico si tenemos a un empleado gruñón, quejica o vago, el que se considera un trabajador tóxico para la empresa.

¿Cómo son los trabajadores tóxicos?

–          Desleales. Cuestionan cada decisión de los altos mandos y se quejan a sus espaldas, ridiculizándolos o ninguneándolos.

–          Quejicas. Nada les parece bien. Ni los proyectos, ni los clientes, ni los métodos de trabajo, ni el tiempo que hace ni la comida del bar.

–          Vagos. Se escaquean sin cesar del trabajo, son los que más tiempo pasan en el bar, los que más veces se bajan a fumar y a los que con mayor frecuencia hay que avisarles de que hay trabajo pendiente por su culpa.

–          Sabiondos. Saben de todo. No hay área de la empresa que se les escape y dan lecciones a todo el mundo sobre cómo hacer su trabajo, creando cierta crispación.

–          Inmaduros. No reciben bien las críticas ni los consejos, se lo toman todo como algo personal, tienen rabietas y enfados continuos y distraen mucho al equipo por tonterías.

¿Qué se puede hacer con un trabajador tóxico?

Lo primero y más importante es detectarlos, puesto que en ocasiones su comportamiento queda camuflado entre el resto de los compañeros y nunca se muestra tal y como es ante su jefe.

Tras saber quién es ese trabajador ‘tóxico’, hay que distinguir entre lo que dice y lo que hace. Debemos detectar cuáles son sus cualidades como empleado y si vale la pena redirigir su talento hacia un departamento o una función en la que no prime tanto su actitud como sus tareas, así quizás quedará neutralizado.

Suele ser bastante aconsejable hablar con esta persona, explicarle lo que se siente hacia ella y su trabajo y cómo se percibe cierta actitud que no beneficia a nadie. Es posible que la primera respuesta sea la sorpresa o la negación.

Se le debe ofrecer ayuda para mejorar e incluso, herramientas para solucionarlo. Hablar con un coach o con un psicólogo, acudir a un taller en grupo… Se debe establecer un diálogo sincero porque quizás esta persona no se siente apreciada por la empresa o tiene otros objetivos que allí no se van a cumplir.

El seguimiento es la siguiente etapa fundamental. Se debe revisar su comportamiento, la forma de tratar a los otros empleados, cómo actúa en dinámicas de grupo y reuniones, cómo es su rendimiento…

En el caso de que no mejore o que incluso empeore, podemos plantearnos despedir a esta persona porque no encaja en la empresa y no tiene ganas de mejorar a pesar de haber hablado con ella y haberle dado las herramientas para ello.

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